Por Elisa Hernández
Redactora y Miembro de la Comisión de Blog.
Me tenía en sus manos, así con delicadeza, con ganas de no soltarme nunca, de seguirme viendo, de absorber cada una de mis letras. Me miraba fijo. De repente, sentí una lágrima sobre mí, rodó, y se hundió lento, me impregnó. Ahí supe que me quería, que me comprendía, que me sentía suyo, que cada cosa en mí significaba algo para ella. No quería desprenderme de sus manos, ahí estaba seguro.
Era la última página, sonrió, suspiró y me cerró. Me dejó solo. Reflexioné su ternura, su mirada, su sonrisa, sus lágrimas, su suspiro.
Pasaron días, luego meses… yo seguía esperando.
Hoy se cumple un año. Hoy, 24 de octubre. La escucho hablar, dice que seré de alguien más, ¿Por qué? No entiendo, ¿Hacerla llorar era tan malo? Pero si luego sonrió, eso lo recuerdo bien. La sonrisa no es mala ¿o sí? Creo que no. ¿Ya no me quiere? ¿Y sus manos sosteniéndome? ¿Ya no las tendré? Me siento triste, solo, usado, no quiero que nadie más me lea, que nadie me tenga si no es ella.
¡Me tiene! Salí de la librera. Aquí tenía frío, aunque estaba junto a otros colegas, pero eso no importa por el momento. No. Nada importa si me lleva con ella. Está sonriendo nuevamente, y eso que no me ha mirado, sólo me piensa. Sé que me piensa.
En su bolso tengo a mi derecha una billetera, a mi izquierda un espejo: me hace sentir seguro ir al centro, siempre lo sentí así. Hay mucha luz. Nunca me había leído fuera de casa…es extraño. Hay más gente aquí cerca, en otras mesas. Estamos en un café, si eso es. Pide un expreso, siempre se jactaba de tomarlos. Me está viendo ¿me veo bien? Creo que mi cubierta está sucia. No, ya noté que no. Me acaricia y dibuja sobre mis letras con su dedo. Creo que sueña con mis historias. Se levantó, creo que irá a pagar la cuenta.
Ha pasado una hora, ella no ha vuelto. ¿Me olvidó? No podría ser posible, a mí no. Alguien se sentó en la mesa. Pregunta por mí. Nadie sabe de quién soy. ¡No saben, dicen! ¿Qué no vieron cómo me acariciaban? Ahora ella me toma… lee algo que está sobre mí, es un papel ¡No lo había notado! Lo lee en voz alta: “Este es un libro libre, si lo encuentras es tuyo. Quiero compartirlo contigo. Lo único que tienes que hacer es leerlo, y luego debes también dejarlo libre para que alguien más disfrute con la lectura”.
Ella también sonríe, me lleva. Me siento bien, es raro. Me encanta que me llame por mi nombre: “Eres mío, Como agua para chocolate”.
Me tiene en sus manos, así con delicadeza, con ganas de no soltarme nunca, de seguirme viendo, de absorber cada una de mis letras…
No hay comentarios:
Publicar un comentario